#34 Mireya Chacón2017-12-28T16:14:38+00:00

Project Description

FLORES PARA VENEZUELA… Y UN TECITO, TAMBIÉN

#34 Mireya Chacón

“Lo mejor de mi oficio es que contribuyo a que ciertos días sean mágicos, como el de las madres o el de los enamorados”

Raquel Cartaya

Marcel Serrano

San José, Caracas

Los recuerdos más gratos de mi infancia están en la hacienda donde crecí en San Cristóbal. Me gustaba jugar en las nacientes de agua y mecerme en un mecate que amarraba mi papá en un árbol. También aprendí de flores y hierbas curativas; cosas que me servirían mucho por el resto de mi vida, aunque en ese momento no lo sabía.

Por ser la mayor de mis hermanos me tocó ayudar a criarlos, y al terminar el bachillerato, salir a trabajar. Me vine a Caracas muy jovencita y trabajé en una empresa por cinco años. Extrañaba a toda mi familia y me sentía muy triste, pero un día conocí al que hoy es mi esposo, nos casamos y formamos una familia.

Dejé mi trabajo y me dediqué al hogar. Eso no duró mucho porque un día un tío me pidió que le colaborara en un puesto de flores que tenía. Así llegué al que ha sido mi segundo hogar por cuarenta y cuatro años, El Mercado de Las Flores de San José. Después, me independicé y alquilé un local con mi esposo. Siempre he vendido flores y hierbas curativas.

Lo mejor de mi oficio es que contribuyo a que ciertos días sean mágicos, como el de las madres o el de los enamorados. Las personas llegan y solicitan su ramo de flores, yo se los preparo pensando en lo feliz que harán a la persona que los reciba. También cuando alguien llega con una dolencia y me pregunta qué puede tomar para aliviar su malestar yo le receto algún té. Y, cuando vuelven y me dicen que se mejoraron eso hace que cada día me sienta orgullosa de mi trabajo.

Si pudiera hacerle un tecito a Venezuela para que se mejorara, le haría uno con bastantes ramas para que nos calmemos y nos unamos. Eso es lo que le pido todos los días a Papá Dios, que nos unamos y que ponga su mano sanadora sobre este país que nos necesita tanto.

A Venezuela no le puedo dar más flores porque ya tiene muchas. Todas las personas que habitamos aquí somos sus flores; cada uno con sus colores y sus formas distintas, todos bien bonitos. Incluso los que viven fuera, ellos son flores desde allá.

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